Letras, imágenes y sonidos

Ideas de un individuo

La última vez

Caminar hacia la cumbre de la montaña era un cambio agradable, luego de pasar tantas horas encerrados escuchando la radio. Era lo único que funcionaba, ni el televisor ni la computadora servían ya.

Todo cambió el día que el presidente anunció la tragedia en televisión, tratando sin éxito de contener las lágrimas, de mantener la compostura, de preservar la fé en la población. Desde entonces, todo ha sido un caos.

“Es fácil perderse en los pensamientos en este lugar, ¿No?” Susurró Miguel al oído de Sofía, mientras sujetaba su mano con más fuerza que nunca. La brisa bailaba con su cabello rubio, escondiendo su mirada. Sofía sonrió, su silencio decía suficiente. Ella estaba perdida en sus propias interrogantes. Interrogantes que compartían. ¿Dolerá?, ¿Será rápido?, ¿Veré a Dios antes de morir?

Habían pocos árboles a su alrededor. En uno de ellos había un columpio de madera, meciéndose por la fuerte brisa. Para Miguel era un cínico recordatorio de la vida que se les estaba acabando. “Es difícil consentir pensamientos positivos cuando estas a punto de morir” pensó.

La vista en la cumbre era majestuosa, pero no tan bella, justo como se habían imaginado. Había humo en varias partes de la ciudad, sonidos de sirenas a lo lejos, y el cielo tenía un tono rojizo intimidante.

Se sentaron en una roca casi al borde del precipicio. Había suficiente silencio como para que se escucharan las manijas del reloj de Miguel, el tiempo se les estaba terminando. Una gran parvada de pájaros voló frente a ellos, eran cientos. Tantos que parecía una nube negra, un parche en el cielo despejado.

Sofía y Miguel se abrazaron, se besaron. Se miraban a los ojos, los de Sofía llorosos, su maquillaje regado por sus mejillas. No había nada mas que decir.

Estaban solos en un país todavía desconocido para ellos. Se suponía que estudiar fuera del país, lejos de sus familias, iba a ser el inicio de una nueva vida, no el final de su historia. Al menos se conocieron. Miguel recordaba cada instante de ese día con viveza. Estaba en una cafetería, solo, escribiendo como de costumbre. Sofía lo atendió, era nueva. Ambos se sonreían, ella sonrojaba.

Las manijas del reloj seguían contando los pocos instantes que les quedaba de vida. Miguel sentía el corazón de Sofía latiendo fuertemente contra su pecho. Él intentaba ser fuerte, diciéndole cosas bonitas al oído mientras acariciaba su cabello. “No me sueltes nunca” le susurró Sofía, mientras La luz iluminaba el cielo con autoridad, por última vez.

Erick Chévez Rivera

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Information

This entry was posted on July 8, 2012 by .

Navigation

%d bloggers like this: